Edulcorantes y deterioro cognitivo: ¿vivimos un engaño dulce promovido por la industria?

Un análisis crítico sobre cómo los edulcorantes no calóricos como aspartamo y sacarina podrían acelerar el envejecimiento cerebral y el deterioro cognitivo, cuestionando su seguridad real. Conoce más sobre el engaño dulce de la industria.

EDULCORANTESADITIVOS ALIMENTARIOSAZÚCAR

Dianelis Fernández Mena

10/25/20253 min read

Diferentes tipos de azúcares y edulcorantes, los edulcorantes pueden causar deterioro cognitivo
Diferentes tipos de azúcares y edulcorantes, los edulcorantes pueden causar deterioro cognitivo

Siempre he sido escéptica respecto al uso de edulcorantes no calóricos; considero que su promoción responde más a intereses comerciales que a verdaderos beneficios para la salud. Cada vez que encuentro información que respalda esta postura, me convenzo aún más de que simplemente estamos sustituyendo un problema por otro, cambiando un tipo de toxicidad por una alternativa que también podría tener consecuencias negativas para nuestro bienestar.

Edulcorantes y envejecimiento cerebral

Los edulcorantes no calóricos y los polialcoholes se han propuesto como alternativas para reducir el consumo de azúcar en la dieta. Desde 2023, tanto la OMS como la EFSA han advertido que los edulcorantes no calóricos artificiales y los alcoholes de azúcar pueden provocar daños a largo plazo, aumentando el riesgo de enfermedades no transmisibles y cáncer. En los últimos meses, se han sumado investigaciones que señalan un deterioro en la función cognitiva asociado a estos compuestos.

El consumo de azúcar refinado en alimentos procesados está regulado, con una ingesta máxima recomendada de 50 g al día, y una sugerencia de no exceder los 20 gramos diarios. Sin embargo, el uso de sustitutos del azúcar también empieza a generar inquietud.

Un estudio publicado recientemente en la revista Neurology asocia el consumo de ciertos edulcorantes no calóricos artificiales con un mayor riesgo de deterioro cognitivo en adultos, especialmente en personas menores de 60 años y en quienes padecen diabetes. Los edulcorantes analizados incluyen aspartamo, sacarina, acesulfame de potasio, eritritol, xilitol, sorbitol y tagatosa.

Principales hallazgos: El estudio reveló que el consumo elevado de edulcorantes artificiales se asocia con un deterioro acelerado de la memoria y la fluidez verbal, particularmente en personas menores de 60 años. Este impacto cognitivo equivale a un envejecimiento adicional de aproximadamente 1,6 años.

En personas que padecen diabetes tipo 2 y obesidad, los efectos negativos de los edulcorantes artificiales pueden ser aún más pronunciados. Se ha observado un incremento en el riesgo de deterioro cognitivo y de enfermedades neurodegenerativas; además, en 2023 la OMS ya había advertido sobre el aumento del riesgo de enfermedades no transmisibles relacionado con estos productos.

Por otro lado, en adultos mayores de 60 años no se identificaron diferencias significativas en el deterioro cerebral atribuibles al consumo de edulcorantes.

La Sociedad Europea de Medicina publicó el 30 de abril de 2025 el artículo “Edulcorantes artificiales y la salud cerebral: cambios neurovasculares y deterioro cognitivo en la población india”. Las investigaciones indican que edulcorantes como el aspartamo, la sucralosa y la sacarina están relacionados con estrés oxidativo y neuroinflamación, alteraciones de la barrera hematoencefálica, así como cambios en el flujo sanguíneo cerebral, lo que podría acelerar el deterioro cognitivo. Además, pueden modificar el microbioma intestinal y afectar negativamente el eje intestino-cerebro, agravando los problemas neurocognitivos.

Regulaciones internacionales

Los edulcorantes son algunos de los ingredientes más estudiados en la industria alimentaria a nivel mundial. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), han confirmado en múltiples ocasiones su seguridad.

Actualmente, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) realiza reevaluaciones de la seguridad de todos los edulcorantes cuyo uso en alimentos estaba permitido antes de enero de 2009.

Pero ¿serán suficientes estas reevaluaciones? ¿Se realizan con la frecuencia necesaria para informar de manera rápida y precisa a los consumidores?

Desde mi perspectiva, es indispensable desarrollar e implementar estrategias de salud pública que eduquen a los consumidores sobre los posibles riesgos cognitivos asociados al consumo de edulcorantes y fomenten un uso equilibrado y consciente de estos productos.

Estos estudios no evaluaron el impacto de la estevia en el deterioro cognitivo. Aunque podría pensarse que su exclusión fue casual, sería importante replicar estos estudios incluyendo todos los edulcorantes, sin distinguir su origen, y compararlos directamente con el azúcar.